El murmullo de las máquinas de coser en la planta baja de mi taller de diseño independiente se sentía más lejano que nunca.
Pasé las horas de la tarde sentada detrás de mi escritorio de cristal templado, contemplando los gráficos comerciales que parpadeaban en la gran pantalla de la pared con una firmeza que delataba mi profunda agitación interna. Para esta tensa jornada en las oficinas de confección, me había colocado un conjunto de sastre en color burdeos cruzado de corte impecable, buscando