El espeso silencio que dominaba el salón principal del penthouse se sentía como una soga apretada alrededor de mi garganta.
Crucé el espacio de concepto abierto arrastrando mis pasos con una lentitud calculada, buscando desesperadamente una forma de calmar los latidos desbocados de mi corazón. Para esta noche de alta tensión en el departamento, me había cambiado el sastre del taller por un vestido de punto en tono carbón, una prenda holgada que caía de forma natural sobre mi silueta pero que no