Capítulo 38

El jet descendió suavemente sobre la pista privada de Le Bourget. Sophie miraba por la ventanilla, incapaz de apartar los ojos de la ciudad iluminada que se extendía como un tapiz de luces doradas y plateadas. París. El nombre solo era un susurro en su mente, pero al verlo ahí, tan real, tan vibrante, sintió que algo dentro de ella se rendía.

—Bienvenida a mi ciudad favorita —murmuró Damien, inclinándose hacia ella, con un dejo de orgullo en su voz.

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