Llamar cachorrita a la mujer que tenía entre sus manos era casi una ofensa para como lo tenía en ese momento. Dios, que forma de mover sus caderas al sentido de la música. Lukas creía que se podría correr en cualquier momento si aquello seguía así.
Ahora entendía porque estar en aquella pista era tan adictivo, es que se sentía realmente bien. La música, el calor, el olor, la sensualidad y el sexo danzando en el aire, era casi hipnótico.
Apretó más sus manos en la cadera de aquella exótica mujer