Después de dejar a Ana Lucía en su hogar, Maximiliano condujo en silencio. El reloj marcaba las 4:38 de la tarde. Había tenido la tarde libre solo para pasar tiempo con Emma y con ella, pero el ambiente en la mansión se sentía espeso, denso, como si los recuerdos y las decisiones mal tomadas se arrastraran por los pasillos con los pies descalzos, desde la llegada de Catalina.
El eco de esa presencia, aunque silenciosa, lo asfixiaba.
Así que, en lugar de volver a su despacho en casa, giró el vol