—Ana, quiero ir al baño, primero.
—Claro, mi amor… y luego nos vamos —dijo Ana con una sonrisa suave, y entrelazó los pequeños dedos de Emma con los suyos.
Caminaron juntas por el pasillo principal, donde el murmullo de voces y el eco lejano de tacones resonaban entre paredes cubiertas de mármol pulido y arte moderno. Las luces del techo, frías y blancas, caían en haces geométricos sobre el suelo encerado, dando a todo un aire clínico y elegante. Un aroma tenue a flores blancas —jazmín o tal ve