Mientras Ana Lucía seguía en lo suyo junto a Julieta. En la mansión todo parecía más grande de lo normal sin Ana Lucía. Los techos altos, los amplios ventanales y los pasillos pulcros reflejaban una quietud que no era natural. A pesar de la luz que se colaba a raudales por las cortinas de lino blanco, había una especie de vacío suspendido en el ambiente. Hasta el aroma habitual a lavanda y canela parecía más tenue. Como si también extrañara a quien lo llevaba en la piel.
Emma caminaba por el pa