El amanecer del sábado que Maximiliano y Emma no querían ver, había llegado.
Emma pasó la mañana buscando cualquier excusa para que Ana se quedará y Maximiliano se había marchado a la empresa a dejar unas cositas listas para dedicarse a su hija ese maravilloso fin de semana.
—Ana, ¿y si me llevas contigo? —Propuso Emma con su carita triste y sus ojos suplicantes.
—Mi vida, afortunadamente tienes muchos privilegios y en mi casa no las hay, sería muy difícil para ti.
—No importa. —dijo con un p