La noche comenzaba a asomar su rostro sobre la ciudad. Las luces de los edificios parpadeaban, y el murmullo del tráfico se tornaba cada vez más lejano, como si la ciudad entera se dispusiera a contener la respiración antes del suspiro nocturno.
En el penthouse de uno de los rascacielos más lujosos, Mariela encendió una vela aromática que desprendía notas de vainilla y almizcle. El interior del lugar se llenó de reflejos dorados, bailando suavemente sobre los muros. El susurro elegante de una c