Capitulo 28

No había esa electricidad que le sacudía el pecho. No estaba el temblor en sus dedos. No sintió el vértigo, ni las ganas de perderse en ella. Solo estaban sus labios, y el peso de la costumbre.

Cuando Mariela intentó profundizar el beso, él la tomó de los brazos y se separó.

—Basta.

—¿Qué pasa? —preguntó ella, desconcertada.

Maximiliano se pasó una mano por el rostro, frustrado.

—No es un buen momento, Mariela. Estoy agotado y necesito concentrarme en el trabajo. Tenemos reuniones importantes h
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