Ana Lucía se levantó y se sorprendió al darse cuenta de que había amanecido y ella apenas y despertaba, los días sin dormir bien le pesaban. Se quedó observando a Emma aferrada a su brazo y sonrió, le hacía tan feliz verla ahí, demostrando que ninguna de ellas, eran las malas del cuento.
Salió a la sala y se encontró con un Maximiliano con el semblante tranquilo, dándole instrucciones a una chica de servicio, la misma que le avisó sobre la fiebre de Emma.
—Max... —Le habló Ana Lucía en un susur