El CEO y la Teacher: Enséñame a Amar
El CEO y la Teacher: Enséñame a Amar
Por: Arianna Tempo
Un Caso Especial

Mi nombre es Magnolia. No estoy segura de dónde lo sacó mi madre, pero siempre me ha sonado a telenovela. Nunca me gustó, especialmente cuando era niña porque era tan difícil de pronunciar como de escribir. Mi madre consolaba diciéndome que cuando creciera, mi nombre me gustaría más porque era un nombre para personas maduras. A los adultos, me decía, les sonaría sofisticado, como de clase alta, de princesa. 

A mis 28 años, esto aún no sucede. 

Mis amigos más cercanos han escogido llamarme Nolly. Pero mis personas favoritas, esas que sí me ven como una princesa y así me tratan, tienen un nombre especial para mí: teacher. 

Soy maestra de segundo grado en el Summit International School. Es un colegio internacional hermoso, ubicado en la principal ciudad portuaria del país. Es muy popular entre familias de diplomáticos, ejecutivos de grandes multinacionales y otros profesionales que a menudo son trasladados de país por sus empleadores. Summit está lleno de estudiantes de los cinco continentes, a quienes ayudamos a adaptarse rápidamente a un nuevo ambiente con cariño y empatía.

A pesar de que aun no llego a los 30 años, he logrado avanzar bastante en mi carrera. Empecé a trabajar como maestra asistente a los 18 y ahora, diez años después, soy docente titular. Mi coordinadora me ve como una especie de super-profe: para ella, no existe un reto que yo no pueda afrontar y aunque esto a veces significa más trabajo para mí, amo cada minuto. 

Por este motivo, no me sorprendió demasiado que me llamara esta mañana a su oficina. Lo que sí me llamó la atención es que me esquivara la mirada. “Te tengo una misión muy especial,” anunció Rosaura.

“Uy, qué peligroso suena eso", me río. "Cuéntame más,” le contesté animada.

“Pronto tendremos un nuevo ingreso en segundo grado y quisiera que estuviera en tu salón. Es un caso… especial,” me dice Rosaura.

Río un poco pensando en los loquitos que me esperan en mi salón. “¿No lo son todos?”

“Bueno, sí,” avanza Rosaura con cautela. “Pero este chico viene de Copenhague. Entiende poco el español… y la verdad es que no habla”. 

“¿No habla español? Bueno, pero eso es normal. Siempre recibimos muchos chicos de otros países que no hablan español y poco a poco nos vamos haciendo entender.”

“No, querida. El chico no habla. En ningún idioma. Tiene mutismo causado por la muerte de su madre,” aclara Rosaura por fin. “Entiendo que fue un evento trágico que aún no asimila bien. Supongo, porque la verdad es que el padre nos ha dado poca información”. 

“¿No le preguntaron los psicólogos durante la admisión?”

“No estuvo para la admisión. Mandó un asistente, un muchacho joven que tampoco hablaba mucho español. Charlamos en inglés, pero siento que tampoco conoce muy bien a su jefe. Sin embargo, los papeles estaban en regla, el chico demostró ser muy inteligente durante las pruebas y aunque tímido, se ve que es dulce y amable.” Rosaura sonríe con empatía, pensando en nuestro nuevo alumno. “Pensábamos darle una admisión condicional a su proceso de adaptación, pero nuestra querida administradora se nos adelantó en darle una bienvenida entusiasta cuando vio el cheque que envió el padre por el año completo, además de una donación para la nueva biblioteca,” remata con el sarcasmo que se merece Tiffany, nuestra altruista administradora.

“Wow, no me extraña que Tiffany le haya brincado encima. Nada le gusta más que un padre forrado en dinero, aunque luego nos ponga a los docentes en aprietos tratando de lidiar con sus fantásticas admisiones,” digo con los ojos abiertos por el asombro. “Pero, ¿cuánta plata tiene este señor? Porque con lo que cobramos, para pagar un año entero sin chistar y que encima le alcance para hacer donaciones… ¿Es alguna estrella de Hollywood o un CEO? ¿O será que es narco o un ministro corrupto escapado de alguna dictadura cercana?”

Rosaura ríe con mis ocurrencias. “Tranquila, no es nada de eso. Es el COO de Lindholm Maritime. Su difunta esposa era Sophie Lindholm, la hija de la CEO del Lindholm Group. Tras su muerte, le ha correspondido al señor Christian Jansen, que es como se llama nuestro nuevo padre de familia, encargarse de los negocios navieros de la familia en este continente”. 

“Ya veo. Bien, aquí los recibiremos a los dos con nuestra acostumbrada calidez Summit,” respondo sonando como un anuncio institucional, haciendo reír nuevamente a Rosaura. “Cuéntame más. ¿Cómo se llama mi nuevo peque?”

Rosaura duda. “Ab… Abs.. Absbi-orn. Ay, no sé cómo pronunciarlo,” dice apenada.

“Oh, oh. Estamos graves. Debo aprenderme su nombre antes de que llegue. Imagínate, si a ti te cuesta, ¿cómo voy a hacer para que sus compañeros se lo aprendan?” Apunto el nombre en mi agenda y hago una nota mental de buscar la pronunciación correcta en internet. Asbjørn Jansen. “¿Cuándo ingresa?”

“El lunes,” responde.

Oh, oh, pienso para mis adentros, sin dejar que la coordi note mi nerviosismo. 

Hoy es jueves. 

Es poco tiempo para prepararme para recibir a un niño que no habla… 

Y a un padre que no nos quiere decir por qué.

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