BOOM

Una persona normal se habría quedado procesando todo lo que había pasado en esos primeros diez minutos del día. ¿Por qué Herre Jansen había actuado tan frío? ¿Y por qué me preguntó si yo tenía algo para decirle? ¿Será que espera que yo dé el primer paso? ¿O se habrá arrepentido de todo lo del viernes durante el fin de semana? Desafortunadamente, los maestros no somos personas normales: no tenemos el tiempo para hacernos esas preguntas. Tan pronto se fue, empezó mi día con Bibi y no me podía permitir estar pensando en su padre.

Decido darle un tour de nuestro campus a Bibi mientras llegan sus compañeros. Recorremos los extensos jardines y nos adentramos en un pequeño bosque. Los pájaros están particularmente ruidosos esta mañana. Vemos unas iguanas y le doy a Bibi unos pedacitos de manzana para que las alimente, y él se los lanza con algo de temor. Las iguanas asienten con sus cabezas. 

“Te están dando las gracias,” le digo y él ríe suavemente.

Conocemos la biblioteca, el salón de teatro y el de arte, en donde muchas personas amables nos saludan con afecto. Bibi estrecha la mano de algunos, y a otros solo los saluda con un gesto. Aunque su comunicación no es verbal, poco a poco el niño se está integrando a nuestra comunidad. 

Tras este recorrido, volvemos al salón, donde ya tres compañeros han llegado e invitan a Bibi a integrarse a un juego. Más seguro y confiado que el viernes, Bibi acepta participar, y aunque sigue sin pronunciar palabra, esto no es un impedimento para que los cuatro niños se diviertan.

Hoy tendremos una asamblea, así que se los comunico a los niños. Algunos están felices porque podrán salir de clases un rato; otros, no tanto, porque saben que tienen que comportarse muy bien y que el auditorio es caluroso y huele raro. Asbjorn, por su parte, parece un poco confundido y diría yo que algo nervioso. 

“No te preocupes, Bibi,” le digo para tranquilizarlo. “Yo estaré a tu lado todo el tiempo.”

Al llegar el momento, salimos al pasillo para dirigirnos al auditorio. Todos los chicos de primaria están citados a este encuentro, por lo que en este momento el pasillo está totalmente lleno de estudiantes que avanzan, charlan y juegan. Bibi se aferra a mi mano; la suya está fría y húmeda. Se mantiene muy cerca de mí y podría jurar que está temblando.

Unos minutos después, todos los estudiantes se han sentado en el auditorio; el ruido se apaga y todo se aquieta. Poco a poco, Bibi se va tranquilizando. El rector nos da la bienvenida y comienza a hablar sobre la gratitud. Hay una intervención del coro del colegio que le gusta mucho a Bibi, seguida de un acto del grupo de teatro. Esa no le llama la atención y se recuesta sobre mi hombro. La asamblea continúa con homenajes a la bandera y entonación de himnos. El evento se hace largo y un poco tedioso.

Finalmente, llega el momento que todos los niños han estado esperando. Hoy es el día 100 del año escolar y el rector anunciará al salón ganador de un concurso que se lleva a cabo desde el primer día. Los ganadores del primer lugar harán un viaje, así que ya ningún estudiante puede quedarse quieto en su silla.

Cuando anuncian el tercer lugar, los alumnos aplauden emocionados. A mi lado, Bibi vuelve a aferrarse a mi brazo. Su mano está fría.

Ahora los estudiantes se ponen de pie para escuchar qué salón quedó en segundo lugar. La emoción crece: aplausos, gritos y vítores. Hasta los maestros están gritando, celebrando los triunfos de sus estudiantes. El entusiasmo desborda el auditorio.

El rector hace una pausa antes de anunciar el primer lugar. Los chicos guardan silencio, expectantes.

—Y el primer lugar es para…

El nombre de nuestro salón resuena en el auditorio, pero apenas lo registro. A mi lado, Bibi se aferra con más fuerza, su cuerpo rígido contra el mío.

La multitud ruge de alegría. Algunos niños saltan, otros gritan, y antes de que alcance a procesar lo que está pasando, los cañones de confetti estallan sobre nosotros.

¡Boom! ¡Boom! ¡Boom!

A mi lado, un grito corta el aire, más fuerte que cualquier otro. No nace de la felicidad de ganar un anhelado premio, sino del terror.

Es el primer sonido que emite Asbjørn desde que llegó a Summit.

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