Herre Jansen

El día ha terminado. Salgo de mi salón y soy interceptada por Denni. 

“Hay un papacito buscándote,” me dice con picardía adolescente.

“Dirás un padre de familia,” finjo que la regaño. “¿Sabes quién es?”

“Yo dije lo que dije. No, no sé quién es, pero es un bombón. Rubio, con ojos color miel,” continúa, bajando la voz como si estuviéramos compartiendo un secreto de estado. “Alto, serio, de esos que caminan como si el pasillo les perteneciera. Traje azul, zapatos caros… y cara de que no sonríe ni cuando gana.”

La miro de reojo.

“¿Algo más, señorita observadora?”

“Sí,” dice, sin dudar. “Tiene cara de problema. Del tipo que te hace sentir que estás llegando tarde aunque no lo estés.”

Mi smartwatch suena. Un mensaje de Rosaura: ‘¿Puedes atender al señor Jansen? Una nena de tercero se cayó y se abrió la frente. Estoy esperando al servicio de emergencias’.

Grito internamente. Ya este señor me cae gordo por dejar a su peque solo en su primer día en un colegio donde no había llegado nadie aún. Sin embargo, por mucho que romanticemos nuestra profesión, los colegios son negocios y los padres son clientes, así que hago a un lado mis emociones y sentimientos hacia el señor Jansen y preparo mi mejor semblante de cordialidad para recibirle. 

Me encuentro al señor Christian Jansen en la sala de familia, que es donde recibimos a los padres. La sala tiene un sofá, una mesa pequeña para los niños y una mesa más grande para que charlen los adultos. El señor Jansen está sentado ante esta última, mientras que Asbjorn está en la mesa pequeña, pintando un oso solitario en un gran bosque. No conversan ni se miran; parecen dos extraños esperando un tren. 

“Buenas tardes. ¿Es usted el señor Christian Jansen?” pregunto. Este hombre rubio, inquietantemente atractivo,  elegante e imperturbable, me observa con unos ojos casi amarillos de aspecto peligroso. Su mirada se detiene en mí un segundo de más, como si estuviera evaluándome, y luego cae en su reloj, como si ya le estuviera haciendo perder el tiempo.

“Sí, soy yo. ¿Es usted la señora Rosaura Vega?” contesta en un español perfecto con un claro acento escandinavo.

“Eh, no. Yo soy Miss Nolly, la teacher de su hijo Asbjorn. Mrs. Vega está atendiendo una emergencia.” El señor Jansen hace una pausa en nuestra conversación que me hace sentir incómoda. Me siento y puedo sentir que sus ojos siguen fijos en mí. Redistribuye su peso, inclinándose ligeramente hacia adelante, como un tigre a punto de saltar sobre su presa.

“Curioso. No sabía que Nolly fuera un apellido latino,” menciona finalmente. “¿Para qué me ha citado? Soy un hombre bastante ocupado”.

Respiro profundo, me enderezo e ignoro un poco su prisa. Él podrá ser muy poderoso en su empresa, pero en un colegio las maestras debemos hacernos respetar. No somos menos que ningún otro profesional y su hijo debería venir primero que cualquier asunto de negocios.

Busco en el fondo de mi ser la paciencia para contestarle. “Nolly es mi nombre, señor Christian. Magnolia Torres, para ser exactos. El motivo de la cita…,” empiezo, pero me interrumpe.

“Me parece demasiado informal llamar al maestro por el primer nombre. En Dinamarca no lo hacemos así. Y en cuanto a mí, agradezco que no me llame por mi nombre. No soy el señor Christian, soy el señor Jansen. De hecho, ya que usted es Miss Nolly, yo soy Herre Jansen” me dice. Su tono es autoritario y cortante y su lenguaje corporal secunda su intención de intimidarme. 

Me enderezo, tratando de parecer más grande y más fuerte de lo que soy en realidad, aunque solo sea en mi mente. También saco mi tono firme y autoritario. “Con todo respeto, señor Jansen, no estamos en Dinamarca. Le doy oficialmente la bienvenida a Colombia, donde somos cercanos y cálidos sobre todo con los niños.” Con cada palabra me hago más valiente. Estoy en mi casa y tengo la razón de mi lado. “Y ese es precisamente el motivo de esta reunión. No puede usted dejar a su hijo solo en el colegio antes del horario establecido. No es seguro…”

Nuevamente me interrumpe. “¿Pero cómo me va a decir que no es seguro? ¿No es esto un colegio? ¡Este debería ser el lugar más seguro para un niño!” Es claro que el señor Jansen está enojado, pero procura controlar muy bien sus emociones. Sigo pensando en un tigre acechando su presa. En cualquier momento me dará un zarpazo en la garganta. Sin embargo, ya estoy más allá de la paciencia y la empatía y si él es un tigre, yo soy un oso grizzly y tengo garras también. 

“Si me deja terminar, señor Jansen, le podré explicar que a pesar de que Summit es un entorno educativo seguro, un niño de seis años no puede estar solo en un sitio tan grande y menos si no lo conoce,” hablo de manera dominante, pero esforzándome por mantener la calma. Se me ocurre un camino para conectar con él: el de los negocios. “Además, en el contrato que usted firmó, estipula que el horario del servicio que usted está pagando inicia a las 8:00 am”. 

“Ahhh, pero si el problema es por dinero, entonces no hay problema. Ya mismo hablo con su administradora,” dice, no sin cierta arrogancia. Toma de la mano a Asbjorn. “Vamos hijo, tengo mucho que hacer”. 

Yo también me levanto e intento detenerlo. “Herre Jansen,” digo con firmeza. “No importa con quién hable, todos en Summit le dirán lo mismo: no es posible dejar a su hijo a las 6:30 am, solo, sin ningún adulto que lo acompañe”. 

Se voltea en el marco de la puerta, me mira y hace una larga pausa. “Eso lo veremos,” me contesta con la calma y la seguridad de quien sabe que ya ganó. Aprovecho para gritarle, insultarlo y golpearlo un poco… pero solo en mi cabeza, porque necesito este empleo. En la vida real, solo dejo que se vaya. Asbjorn se voltea brevemente y se despide de mí con su mano y una mirada triste.

Salgo de la sala de familia y voy a recoger mis cosas. Cuando ya estoy casi lista, un perfume dulce y pesado me indica que tendré un disgusto más antes de irme a casa: Tiffany. 

“Magnolia, ¿tienes un momento?”

‘Claro que no’, pienso, pero asiento.

“Vengo a contarte de una maravillosa oportunidad para ti,” dice sonriendo, pero solo con la boca. Los ojos no sonríen. ¿Será por el botox? “A partir del lunes, vamos a invitar a nuestras familias VIP a un horario extendido. Un servicio de valor agregado. Empezaremos con una prueba piloto, un solo niño, Asbjorn Jansen”. 

La miro anonadada, pero no sin cierta admiración. Esta señora tiene un talento monstruoso para venderte una situación desagradable como un beneficio para tu vida. 

“Como eres la maestra guía de este niño, estarás a cargo del horario extendido. Deberás estar aquí a las 6:15 am todos los días,” continúa diciendo. “Rosaura te dará las pautas académicas. Va a haber una compensación económica adicional para ti.”

Abro la boca para negarme, buscar excusas o aunque sea negociar, pero no me deja ni hablar. “El colegio agradece mucho tu flexibilidad. Gracias por apoyar la transición de un estudiante nuevo en nuestra ciudad y en nuestra institución”. 

Ahora sí hace una pausa para que yo responda, pero yo ya no tengo nada que decir. Solo me le quedo mirando.

“Eso era todo. Ya puedes irte a casa,” me dice, como si fuera mi jefa y yo necesitara de su autorización para irme. “Feliz fin de semana”. 

Me voy pensando en cuánta plata habrá puesto Herre Jansen sobre la mesa para que Tiffany aprobara algo así.

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