Mundo ficciónIniciar sesiónAsbjørn no ha dejado de gritar desde el primer boom. Sus manos cubren su cabeza y todo su cuerpo está rígido. Su expresión es una mezcla de terror y dolor. El ruido, la multitud… algo lo ha desbordado, pero ¿qué? ¿Qué generó esta reacción tan alarmante?
Intento calmarlo con todas las herramientas que tengo como docente. Trato de hacer que me mire, pero no lo logro. Le hablo primero con suavidad; luego con firmeza. Le hago chistes y caras. Nada sirve. Finalmente lo abrazo, cubriéndolo con mi cuerpo, y ahí, por fin, empieza a calmarse. Ya no grita, pero tiembla y solloza.
Alrededor nuestro, el evento sigue. Los chicos continúan gritando, celebrando, ajenos al terror de Bibi. Pero el rector y Rosaura sí lo notan. Intercambian una mirada y el evento se corta. En cuestión de minutos, el auditorio empieza a vaciarse. Denni se acerca a nosotros, desata el nudo protector que he hecho con mi cuerpo sobre el de Bibi y se lo lleva a su oficina.
En los colegios no hay tiempo para sobrepensar o digerir las situaciones que nos pasan. Quisiera ir con Bibi y acompañarlo, pero no puedo. Me recompongo y me dirijo a mi salón para estar con el resto de mis estudiantes y continuar con el día. No es sino hasta dos horas más tarde, cuando los chicos se van a Educación Física, que tengo la oportunidad de buscar a Denni y averiguar cómo sigue Asbjørn.
Me lo encuentro en su oficina, tranquilo, calmado, pero con una expresión triste en el rostro. Se ve agotado. Aun así, su mirada está fija en la ventana, siguiendo a sus compañeros que hacen calentamiento para su clase.
“¿Bibi? ¿Estás mejor, cariño?” le pregunto. El niño asiente. “¿Quieres ir con tus amigos a la clase de Educación Física?” Vuelve a asentir y lo invitamos a que se retire. Pocos minutos después lo vemos por la ventana, incorporándose a las actividades con los demás estudiantes.
Denni me mira preocupada. “Aquí hay un trauma severo, Nolly. Creo que es urgente que hables con el padre y le pidas información. Necesitamos saber qué pasó.”
“Estamos totalmente de acuerdo, pero hasta ahora, el señor Jansen ha sido… una nuez muy dura de abrir. Evita las conversaciones sobre su hijo y el proceso de ingreso no fue muy exhaustivo. Ya sabes cómo es Tiffany…” le contesto, poniendo los ojos en blanco.
“¿Cheque grande?” suspira con una sonrisa sarcástica. “Bien. Entonces nos toca hacer lo que no se hizo en el proceso de ingreso, si queremos que Asbjørn pueda estar bien aquí.”
El día transcurre sin más sobresaltos. Hemos vuelto a pedirle al señor Jansen que se reúna con nosotros al final del día, cuando venga por su hijo. Una vez más, Rosaura me escribe en el último momento antes de la cita para informarme que no nos puede acompañar porque surgió una emergencia. Bibi se queda en la oficina de Denni mientras yo me enfrento nuevamente a ese tigre impredecible.
De nuevo, en la sala de familia, me encuentro Christian Jansen, impecable. Todo en él transmite control: su ropa perfecta, su perfume que se impone en la sala y su porte seguro, casi impenetrable. Solo sus ojos no encajan del todo: son claros, pero no azules o grises, como uno esperaría en un rostro nórdico, sino color ámbar. Y en ellos vuelvo a ver la llama muy bien contenida de desaprobación y rabia. Otra vez lo estoy haciendo perder el tiempo. Y esta vez me lo reclama de una manera menos sutil y más cargada.
“Buenas tardes, Miss Nolly. ¿No se cansa usted de verme?”
Opto por no retroceder. “Buenas tardes, Herre Jansen. No, la verdad es que no.” Lo miro un segundo, pero no le doy tiempo de reaccionar. “El día de hoy tuvimos un incidente con Asbjørn”.
Mientras le relato lo ocurrido, la llama en sus ojos deja de estar contenida; se vuelve más feroz, más peligrosa. El zarpazo es inminente, pero debo seguir. No puedo echarme para atrás.
“Necesitamos saber qué le pasó a su hijo para poder ayudarlo a sanar,” concluyo.
Puedo ver que Herre Jansen está haciendo un esfuerzo titánico por mantener el control de sus emociones. Habla despacio, pero su rostro está totalmente rígido. “Eso no es algo que ustedes necesiten saber.”
Mido lo que diré a continuación. Si no soy prudente, esto va a terminar mal, muy mal. “Con todo respeto, Herre Jansen, es indispensable que sepamos qué causó el trauma de Asbjørn. La situación de hoy pudo haber sido evitada si conociéramos mejor su historia”.
“La situación de hoy pudo haberse evitado si este colegio actuara con mayor seriedad.” Su voz se eleva y se pone de pie. “¿A quién se le ocurre tener aparatos explosivos en un auditorio? ¿No piensan en la seguridad de los niños?”
“Le aseguro que es en lo que más pensamos, Herre Jansen. La situación con Asbjørn el día de hoy fue totalmente atípica. Ninguno de los otros niños reaccionó de la misma manera”.
“¡Ninguno de los otros niños ha vivido lo que vivió Asbjørn!” vocifera, alzando los brazos. Su rostro está muy rojo. No queda rastro del autocontrol de Herre Jansen. “No pude protegerlos en aquella ocasión, por eso vinimos acá. ¡Se supone que el lugar más seguro para mi hijo es su colegio! ¿Me equivoqué al elegirlos? ¿No pueden garantizarme la seguridad de Asbjørn?”
“¿No pudo proteger a quién, Herre Jansen?” Mi pregunta lo desarma y se deja caer exhausto en el sofá. Me siento frente a él y nos miramos en silencio.
“A Sophie, su madre... Y a Asbjørn,” me dice finalmente. Su voz carece de energía y me mira a los ojos como si fuera a pedirme algo importante. “No pude protegerla. Asbjørn es todo lo que me queda. Su seguridad es muy importante para mí”.
Veo el mismo semblante roto y decaído que vi en el bar aquella vez. No debería empujarlo más, pero igual lo hago. “¿Qué le pasó a su esposa?” pregunto tomando sus manos.
Una vez más, mi contacto hace que reaccione. Retira sus manos como si hubiera tocado fuego. Vuelve a enderezarse y a asumir su porte autoritario, mesurado e impenetrable.
“Ya le he dicho que no es algo que ustedes necesiten saber,” me contesta agresivo. “Si no le importa, ya debo irme. ¿Dónde se encuentra mi hijo?”
Suspiro. No creo que vaya a lograr más en esta reunión. Le indico dónde queda la oficina de Denni y se marcha dando un portazo.
Solo una cosa me queda clara: si deseo saber qué pasó con Sophie Lindholm, deberé averiguarlo por mí misma.







