La luz era distinta al otro lado.
No era el cielo ni el infierno. Era un lugar suspendido entre mundos, donde el tiempo no fluía igual. Lira abrió los ojos y vio a Kael de pie frente a ella, joven, fuerte, con los mismos ojos plateados que tenía la noche que irrumpió en su torre.
—¿Kael? —susurró, con la voz rota.
Él sonrió de esa forma lenta y peligrosa que siempre la volvía loca.
—Te dije que te esperaría.
Lira corrió hacia él y se lanzó a sus brazos. El impacto fue tan real como cualquier co