Un Día Normal"

Veinte años después.

La casa en la colina ya no era tan silenciosa. Ahora estaba llena de risas, discusiones, pasos apresurados y olor a comida. Selene y Ares se habían ido a vivir sus propias vidas, pero volvían constantemente. Nova, que ahora tenía treinta y un años, vivía en la casa de al lado con su pareja.

Y en medio de todo ese caos hermoso, Kael y Lira seguían exactamente igual.

Eran casi las siete de la mañana cuando Lira abrió los ojos. Kael estaba detrás de ella, abrazándola con fuerza, su mano posesivamente colocada sobre uno de sus pechos. Sintió su erección presionando contra su trasero y sonrió con malicia.

Sin decir nada, se movió lentamente, frotándose contra él. Kael gruñó en sueños y apretó su pecho con más fuerza. Lira mordió su labio inferior y guió su miembro hasta su entrada, ya húmeda, y se empujó hacia atrás, tomándolo profundamente dentro de ella.

Kael despertó con un gemido ronco.

—Joder, Lira… —gruñó, apretando su cadera.

—Buenos días, CEO —susurró ella con voz ronca, moviéndose contra él.

Kael tomó el control rápidamente. La giró boca abajo, la levantó por las caderas y entró en ella con una estocada profunda y fuerte. Lira ahogó un grito contra la almohada mientras él la follaba con ese ritmo intenso y familiar que aún la volvía loca después de tantos años.

—Todavía estás tan apretada… —gruñó él, tirando de su cabello.

—Más fuerte —suplicó ella—. Como antes.

Kael obedeció. La embistió con fuerza, sujetándola por las caderas, hasta que ambos llegaron casi al mismo tiempo, temblando y gimiendo el nombre del otro.

Se derrumbaron en la cama, sudorosos y riendo.

—Nunca vamos a dejar de hacer esto, ¿verdad? —preguntó Lira, aún jadeando.

—Ni aunque tenga noventa años —respondió Kael, besando su hombro.

Se levantaron tarde. Lira preparó el desayuno mientras Kael hacía café. Nova llegó con su hija de tres años, Mila, quien corrió directamente hacia Lira gritando “¡Abuela!”.

Kael observaba la escena desde la puerta con una taza en la mano. Su cabello ya estaba completamente blanco en las sienes, pero seguía siendo un hombre imponente. Lira, en cambio, apenas había envejecido. Su belleza salvaje seguía intacta.

Después del desayuno, Nova se llevó a Mila a dar un paseo y la casa quedó en silencio.

Lira se acercó a Kael por detrás mientras él lavaba los platos y lo abrazó.

—¿Recuerdas cuando te pregunté si te arrepentías de haber quemado tu imperio? —preguntó.

—Todos los días —respondió él, secándose las manos—. Y todos los días llego a la misma conclusión: fue la mejor decisión de mi vida.

Lira lo giró y lo miró a los ojos.

—Hoy quiero hacer algo diferente.

—¿Qué cosa?

—Quiero que me lleves de vuelta a tu antigua torre.

Kael levantó una ceja.

—¿Para qué?

—Porque quiero follarte en el mismo lugar donde todo empezó.

Dos horas después estaban en lo alto de la antigua torre de Voss Corp, ahora convertida en un museo de la ciudad. Usando contactos viejos, Kael consiguió que les dejaran entrar al último piso, que había permanecido casi intacto.

Lira caminó descalza por el salón que una vez fue su oficina. Se detuvo frente al ventanal desde donde solía mirar la ciudad.

—Aquí fue donde te vi por primera vez —dijo, quitándose lentamente la blusa—. Comiendo tu manzana. Completamente desnuda.

Kael se acercó a ella como un depredador, desabotonando su camisa.

—Y aquí fue donde perdí el control por primera vez en mi vida.

La tomó en brazos y la sentó sobre el mismo escritorio donde solía trabajar. Le quitó el resto de la ropa con urgencia y se arrodilló frente a ella. Lira gimió alto cuando sintió su boca entre sus piernas, devorándola con la misma hambre de siempre.

Cuando ya no pudo más, lo jaló hacia arriba y lo besó con desesperación, probándose a sí misma en sus labios.

—Fóllame como la primera vez —suplicó.

Kael no se hizo esperar. Entró en ella de una sola estocada brutal. Lira gritó de placer, clavando las uñas en su espalda mientras él la penetraba con fuerza sobre el escritorio. El mismo escritorio donde una vez firmaba contratos de miles de millones.

—Eres mía —gruñó Kael, embistiéndola sin piedad.

—Siempre lo he sido —respondió ella entre gemidos—. Aunque nunca pudiste domarme.

Llegaron juntos, gritando el nombre del otro, con la ciudad de La Grieta como testigo silencioso.

Después, se quedaron abrazados sobre el escritorio, desnudos y sudorosos.

Lira acarició su cabello blanco y sonrió.

—Todavía follas como cuando tenías treinta años.

Kael soltó una risa profunda.

—Y tú sigues siendo tan insaciable como aquella noche.

Lira lo miró con todo el amor del mundo.

—Gracias por quemar tu imperio por mí.

Kael besó sus labios con ternura.

—Quemaría mil imperios más… solo para volver a verte desnuda en mi torre comiendo manzanas.

Lira sonrió con esa sonrisa peligrosa que nunca había perdido.

—Entonces será mejor que compremos manzanas de camino a casa.

Kael rio y la abrazó con fuerza.

A sus setenta y tantos años, el antiguo CEO y la mujer que destruyó su mundo seguían enamorados como el primer día.

Y mientras el sol se ponía sobre La Grieta, ambos entendieron la misma verdad:

No importaba cuántos capítulos escribieran.

Su historia nunca terminaría.

Porque algunos amores no tienen final.

Solo tienen “siempre”.

Mientras el sol se ocultaba por completo, Kael tomó la mano de Lira y la llevó hasta el borde del mirador de la torre. La ciudad se extendía debajo de ellos, brillando con miles de luces. Ya no era el imperio que él había construido. Ahora era un lugar vivo, libre, imperfecto… y hermoso.

Lira se apoyó contra su pecho, aún desnuda, sin importarle que alguien pudiera verlos desde lejos.

—Han pasado más de cuarenta años desde aquella noche —dijo ella en voz baja—. Y sigo sintiendo lo mismo que sentí la primera vez que te vi.

Kael besó su hombro y la abrazó más fuerte.

—¿Y qué sentiste?

—Que eras mío. Aunque aún no lo supieras.

Él soltó una risa baja y ronca, esa que solo salía cuando estaba con ella.

—Eras una amenaza andante. Una variable que no podía predecir. Y aun así… no podía dejar de mirarte.

Lira giró entre sus brazos y lo miró directamente a los ojos. A pesar de las arrugas y las canas, seguía siendo el hombre más atractivo que había visto jamás.

—Prométeme algo —susurró.

—Lo que quieras.

—Cuando seamos muy viejos… cuando ya no podamos hacer el amor como hoy, seguirás mirándome como si todavía fuera esa mujer desnuda que irrumpió en tu torre.

Kael tomó su rostro entre sus manos con infinita ternura.

—Lira… yo siempre te voy a mirar así. Porque para mí, nunca dejaste de ser esa mujer. La que destruyó mi mundo y me dio uno mucho mejor.

La besó lentamente, con todo el amor que habían construido durante décadas. Un beso profundo, cálido y lleno de promesas silenciosas.

Abajo, la ciudad seguía su vida.

Arriba, el CEO y la Indomable seguían exactamente donde debían estar.

Juntos.

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