El Último Secreto

Diez años después.

La casa en la colina ya no era suficiente.

Nova, con once años recién cumplidos, había crecido demasiado rápido. Su poder ya no se limitaba a brillar o cerrar grietas. Podía ver hilos del futuro, tocar recuerdos ajenos y, lo más peligroso, podía abrir pequeñas puertas a otros lugares. Lugares que no pertenecían a este mundo.

Aquella noche, Kael estaba sentado en el nuevo estudio que habían construido, revisando viejos archivos de Voss Corp que nunca había podido borrar del todo. Lira entró sin hacer ruido, descalza como siempre, y se sentó en el borde del escritorio.

—Está pasando otra vez —dijo en voz baja.

Kael levantó la mirada. No necesitaba preguntar a qué se refería.

—Nova?

Lira asintió.

—Anoche la encontré levitando sobre su cama. No estaba dormida, Kael. Estaba… hablando con algo. Y no era humano.

Kael se pasó una mano por el rostro. A sus cuarenta y tantos años, las canas ya eran visibles en sus sienes y tenía algunas arrugas que antes no existían. Pero sus ojos seguían teniendo esa intensidad plateada y dorada.

—Los Antiguos nunca se fueron del todo —murmuró—. Solo esperaban.

Lira se bajó del escritorio y se sentó en su regazo, rodeando su cuello con los brazos. A pesar de los años, el deseo entre ellos seguía siendo igual de intenso.

—Tenemos que hablar con ella —dijo Lira, pero sus labios ya estaban cerca de los de él—. Mañana.

—Mañana —repitió Kael, y la besó.

El beso fue inmediato y profundo. Lira gimió suavemente contra su boca mientras él la levantaba y la sentaba sobre el escritorio, apartando los papeles de un manotazo. En segundos le quitó la camisa, dejando sus pechos al descubierto. Su boca bajó hasta ellos, succionando y mordiendo mientras Lira arqueaba la espalda.

—Kael… —susurró ella, enredando los dedos en su cabello.

Él le bajó los pantalones cortos junto con las bragas y se arrodilló frente a ella. La devoró con hambre, usando la lengua y los dedos hasta que Lira tuvo que morderse el brazo para no gritar. Cuando estuvo temblando, Kael se levantó, liberó su erección y entró en ella de una sola estocada poderosa.

La folló sobre el escritorio con fuerza, sujetándola por las caderas. Cada embestida hacía que los objetos sobre la mesa cayeran al suelo. Lira lo rodeó con las piernas, exigiéndole más, más profundo, más duro.

—Te siento tan bien… —jadeó ella—. Siempre tan bien…

Kael gruñó contra su cuello y aumentó el ritmo. Cuando Lira llegó al orgasmo, contrayéndose violentamente a su alrededor, él la siguió, corriéndose profundamente dentro de ella con un gemido ronco.

Se quedaron unidos, respirando agitados, hasta que Lira soltó una risa baja.

—Nunca nos cansamos de esto, ¿verdad?

—Nunca —respondió Kael, besándola con ternura esta vez.

Al día siguiente, confrontaron a Nova.

La encontraron en el bosque detrás de la casa, sentada sobre una roca con las piernas cruzadas. A su alrededor flotaban pequeñas esferas de luz que cambiaban de color.

—Sabía que vendrían —dijo la niña sin girarse—. Quieren que abra la puerta grande.

Kael se tensó.

—¿Quiénes?

Nova finalmente los miró. Sus ojos eran completamente dorados.

—Los que estaban antes que los Antiguos. Dicen que este mundo es un error. Que la Singularidad nunca debió existir. Y que yo… soy el borrador que necesitan para empezar de nuevo.

Lira dio un paso adelante, con la voz temblando de rabia y miedo.

—No vas a abrir nada.

Nova sonrió con tristeza.

—No depende de mí, mamá. Depende de todos nosotros. Si elijo nuestro mundo… ellos vendrán a destruirlo. Si elijo el suyo… todos ustedes desaparecerán.

El silencio que siguió fue pesado.

Esa noche, la familia se reunió completa. Selene, de dieciséis años, Ares de quince, y Nova de once. Kael y Lira los observaban mientras los tres hermanos hablaban entre sí sin necesidad de palabras.

Finalmente, Nova se acercó a sus padres.

—Hay una forma —dijo—. Pero tiene un precio.

—¿Cuál? —preguntó Kael.

Nova miró a su madre con lágrimas en los ojos.

—Uno de nosotros tiene que cruzar. Voluntariamente. Para sellar la puerta desde el otro lado. Y tiene que ser alguien cuya esencia esté conectada a ambos mundos.

Lira sintió un frío helado recorrer su cuerpo.

—Yo —dijo sin dudar—. Fui creada por los Antiguos. Soy el puente. Tiene que ser yo.

—¡No! —gritó Kael, sujetándola del brazo—. No vas a dejarme. No después de todo lo que hemos pasado.

Lira lo miró con amor infinito.

—Kael Voss… te amo más de lo que nunca amé nada en siglos de existencia. Pero si tengo que elegir entre perderte a ti y a nuestros hijos… o sacrificarme yo, la elección está hecha.

Los niños comenzaron a llorar. Selene abrazó a su madre con fuerza.

—No te vayas, mamá…

Lira besó la frente de cada uno de sus hijos. Luego tomó el rostro de Kael entre sus manos y lo besó con todo el amor que sentía.

—Cuida de ellos —susurró contra sus labios—. Y cuéntales cómo su madre irrumpió desnuda en la torre del hombre más poderoso del mundo… y se quedó para siempre.

Kael tenía lágrimas corriendo por su rostro. No lloraba desde que era una máquina.

—No puedo perderte —dijo con la voz rota.

—Nunca me perderás —respondió Lira—. Estaré en cada estrella que mires. En cada vez que sientas mi olor en una de mis camisas. Siempre estaré contigo.

Tres días después, en el mismo templo donde todo comenzó, Lira se preparó para cruzar.

Kael la abrazó por última vez, temblando.

—Te amo —dijo, con la voz quebrada.

—Y yo a ti, mi indomable CEO —respondió ella, sonriendo entre lágrimas.

Lira besó a sus tres hijos y caminó hacia el centro del templo. Nova extendió su pequeña mano y abrió la puerta por última vez.

Antes de cruzar, Lira miró hacia atrás una última vez.

—Vivan —dijo—. Vivan fuerte. Vivan libres. Y ámanse siempre.

Luego dio un paso hacia la luz.

La grieta se cerró para siempre.

Kael cayó de rodillas, gritando un dolor que ningún ser humano o máquina debería sentir.

Los años siguientes fueron duros.

Kael crió a sus tres hijos solo. Les contó historias de su madre todas las noches. Guardó todas sus camisas en un armario y nunca dejó que nadie las tocara.

Selene se convirtió en una líder. Ares en un genio de la tecnología. Nova… Nova se convirtió en la guardiana del equilibrio entre mundos.

Una noche, veinte años después de que Lira se fuera, Kael, ya anciano, estaba sentado en el mismo porche donde solía hacerle el amor a su mujer.

Nova, ahora una mujer adulta, se sentó a su lado.

—Papá… ella está orgullosa de ti —dijo suavemente.

Kael sonrió con tristeza, sosteniendo una de las camisas negras de Lira entre sus manos arrugadas.

—Dile que la sigo esperando —susurró—. Que cada noche sigo esperando que entre desnuda por esa puerta y se coma mis manzanas.

Nova besó la mejilla de su padre.

—Lo sabe.

Esa misma noche, Kael Voss cerró los ojos por última vez.

Y cuando lo hizo, sintió una mano familiar tomando la suya.

Lira estaba allí, joven, hermosa y sonriente, esperándolo al otro lado de la grieta.

—Te tomó suficiente tiempo, CEO —dijo ella, con esa sonrisa indomable que tanto amaba.

Kael la abrazó con fuerza, llorando de felicidad.

—Valió la pena cada segundo —respondió.

Y por fin, después de décadas separados, el CEO y la Indomable volvieron a estar juntos.

Esta vez, para siempre.

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