Cuatrocientos treinta años después de aquella noche que lo cambió todo.
El Valle de la Manzana ya no era solo un lugar en la Tierra. Era un símbolo que se extendía más allá del planeta. Los árboles dorados flotaban en estaciones orbitales, crecían en bases lunares y se preparaban para viajar a Marte. El legado había dejado la atmósfera y ahora formaba parte del sueño humano de conquistar las estrellas.
Lira XXXIV, de treinta y cuatro años, estaba de pie en la plataforma de observación de la Est