Ciento cincuenta años después de aquella noche que lo cambió todo.
La colina ya no era un santuario ni un símbolo. Se había convertido en el corazón de un movimiento global llamado “La Manzana Abierta”, donde personas de todos los planos venían a aprender a vivir sin cadenas. Los árboles dorados cubrían valles enteros, y sus frutos se distribuían gratis como recordatorio de que la libertad tiene sabor.
Lira XIII, de veintinueve años, era la actual coordinadora general. Tenía el cabello negro sa