Ciento cincuenta años después.
La colina ya no era un santuario. Se había convertido en una ciudad pequeña y vibrante llamada “Sol-Voss”, donde la gente vivía sin jerarquías rígidas y con un profundo respeto por la memoria de los fundadores. Los árboles de manzanas doradas ya no eran solo simbólicos; sus frutos se usaban en medicina, en rituales y en la cocina diaria como recordatorio constante de que la libertad tiene sabor.
Lira XII, de veintisiete años, era la actual coordinadora del Consejo