Ciento veinte años después de aquella noche que lo cambió todo.
La colina se había convertido en un lugar casi mítico. El Santuario de los Indomables era ahora un complejo educativo y cultural visitado por millones de personas cada año. Había escuelas, bibliotecas, jardines de manzanos dorados y un gran auditorio donde se contaba la historia una y otra vez, generación tras generación.
Lira IX, de veinticinco años, era la actual voz del legado. Alta, de cabello negro salvaje y ojos que brillaban