Cuatrocientos cincuenta años después de aquella noche que lo cambió todo.
La Estación Orbital Dorada ya no era solo una estación. Era un símbolo vivo del legado extendido al cosmos. Los árboles dorados crecían en invernaderos antigravedad, sus hojas brillando con una luz suave que se podía ver desde la Tierra en noches claras. El proyecto “Manzanas del Cielo” había tenido éxito y ahora se preparaban las primeras misiones tripuladas a Marte con semillas doradas.
Lira XXXVI, de treinta y dos años