El viento soplaba suave sobre la colina mientras el sol comenzaba a descender. Kael Voss, ahora con setenta y ocho años, estaba sentado en su sillón favorito del porche, con una manta ligera sobre las piernas. Su cabello blanco contrastaba con la mirada aún intensa que conservaba. A su lado, Lira —quien apenas parecía tener cincuenta años gracias a su esencia híbrida— le sostenía la mano con fuerza.
Habían pasado casi sesenta años desde aquella noche en que ella irrumpió desnuda en su torre.
—Todavía no puedo creer que sigamos aquí —dijo Lira en voz baja, mirando el horizonte—. Después de todo lo que enfrentamos… los Antiguos, las grietas, la muerte misma.
Kael apretó su mano y sonrió con esa misma sonrisa lenta que la volvía loca desde el primer día.
—Te dije que no me librarías tan fácilmente.
Desde el jardín se escuchaban las risas de sus nietos. Mila, la hija de Nova, ahora tenía veintitrés años y había traído a sus dos hijos pequeños. Selene y Ares también estaban allí con sus familias. La casa en la colina se había convertido en un verdadero hogar lleno de vida.
Nova se acercó al porche con una bandeja de té. Se había convertido en una mujer impresionante, con el mismo fuego en la mirada de su madre.
—Abuelos, les traje el té que les gusta —dijo con cariño—. Mila quiere que les cuentes otra vez la historia de cómo mamá entró desnuda en la torre.
Lira soltó una carcajada ronca.
—Esa historia nunca envejece, ¿verdad?
Kael miró a su esposa con devoción infinita.
—Porque es la mejor historia que tenemos.
Esa noche, después de que todos se fueran a sus habitaciones, Kael y Lira se quedaron solos en el porche. La luna iluminaba el paisaje y el silencio era perfecto.
Lira se levantó y se sentó a horcajadas sobre él, como había hecho tantas veces a lo largo de los años. Aunque sus cuerpos ya no eran los de antes, el deseo entre ellos seguía ardiendo con la misma intensidad.
—Todavía me miras como si fuera aquella mujer salvaje —susurró ella, acariciando su rostro arrugado.
—Porque para mí, siempre lo serás —respondió Kael, colocando las manos en sus caderas—. Mi indomable.
Se besaron con lentitud, saboreando cada segundo. No fue el sexo apasionado y salvaje de su juventud. Fue algo más profundo, más significativo. Lira se movió contra él con cuidado, y Kael la abrazó con fuerza mientras se unían una vez más, susurrando palabras de amor que solo ellos entendían.
Cuando terminaron, Lira apoyó la cabeza en su pecho, escuchando los latidos de su corazón.
—Kael… ¿tienes miedo? —preguntó de repente.
—¿De morir? —Él negó con la cabeza—. No. Lo único que me daría miedo es irme sin ti. Pero sé que no será así.
Lira levantó la cabeza y lo miró a los ojos.
—Cuando llegue el momento… iremos juntos. Como siempre.
Días después, la familia completa se reunió para celebrar el cumpleaños número setenta y nueve de Kael. La casa estaba llena de risas, comida y recuerdos. Nova había preparado un álbum holográfico con imágenes de toda su vida juntos.
Mientras veían las proyecciones, Lira se inclinó hacia Kael y le susurró al oído:
—Recuerda cuando me acusaste de ser un virus en tu sistema.
—Y lo eras —respondió él sonriendo—. El virus más hermoso y peligroso que pudo infectarme.
Esa noche, después de que todos se durmieran, Kael sintió que algo cambiaba en su interior. Su cuerpo, que había resistido tanto tiempo gracias a su naturaleza híbrida, finalmente comenzaba a apagarse.
Lira lo notó inmediatamente.
—¿Kael?
Él la miró con paz en los ojos.
—Creo que ha llegado el momento, mi amor.
Lira sintió un nudo en la garganta, pero no lloró. En cambio, se acostó a su lado y entrelazó sus dedos con los de él.
—No te vayas sin mí —susurró.
—No podría aunque quisiera.
Nova, que había heredado los sentidos de su madre, apareció en la puerta de la habitación. Al ver la escena, entendió todo. Llamó silenciosamente a sus hermanos.
Selene y Ares llegaron minutos después. Toda la familia se reunió alrededor de la cama.
Kael miró a cada uno de sus hijos y nietos con orgullo.
—Cuídense los unos a los otros —dijo con voz débil pero clara—. Y nunca olviden quiénes son.
Luego miró a Lira, su gran amor.
—Gracias por entrar desnuda aquella noche. Gracias por destruir mi mundo… y por darme uno mucho mejor.
Lira besó sus labios con ternura.
—Te amo, Kael Voss. Siempre te amé.
Kael cerró los ojos con una sonrisa en los labios.
Y en ese preciso momento, Lira sintió que su propia esencia comenzaba a desvanecerse también. Había decidido seguirlo. No quería vivir ni un solo día más en un mundo donde él no estuviera.
—Los amo —dijo Lira mirando a sus hijos por última vez—. Vivan con fuerza. Amen sin miedo.
Sus cuerpos se iluminaron suavemente con una luz dorada. Cuando la luz se apagó, Kael y Lira ya no estaban.
Nova, con lágrimas corriendo por su rostro, sonrió entre el dolor.
—Se fueron juntos… como siempre quisieron.
Años después, la historia del CEO y la Indomable se convirtió en leyenda en La Grieta. Los niños crecían escuchando cómo una mujer desnuda cambió el destino del mundo al enamorar al hombre más poderoso de su tiempo.
Y en las noches claras, si mirabas con atención el cielo sobre la colina, podías ver dos estrellas brillando más que las demás, siempre juntas.
Eternas.
Indomables.
Nova se acercó a la cama donde habían estado sus padres. En las sábanas aún quedaba el leve brillo dorado de sus esencias mezcladas. En el centro, encontraron dos objetos que no estaban allí antes: la manzana a medio comer que Lira había robado aquella primera noche, perfectamente conservada, y el antiguo reloj de bolsillo que Kael llevaba el día que se conocieron.
Selene tomó la manzana con manos temblorosas, mientras Ares recogía el reloj.
—Nos dejaron un mensaje —susurró Nova.
Al tocar los objetos, una proyección suave se activó. La imagen de Kael y Lira apareció ante ellos, jóvenes, exactamente como eran la noche en que todo comenzó.
La voz de Lira se escuchó clara y llena de amor:
"Si están viendo esto, significa que ya nos fuimos. No lloren. No fue una despedida… fue un hasta pronto. Les dejamos lo más valioso que tenemos: nuestra historia. Cuéntenla. Que nunca se olviden que un solo acto de rebeldía puede cambiarlo todo."
Kael tomó la palabra, mirando directamente a sus hijos con orgullo:
"Selene, Ares, Nova… fueron nuestra mayor victoria. Cuidense. Amen fuerte. Y cuando tengan miedo, recuerden que sus padres enfrentaron dioses antiguos y corporaciones todopoderosas… solo por amor."
La imagen de Lira sonrió con esa sonrisa feroz que los definía.
"Y una última cosa… sigan comiendo manzanas desnudos de vez en cuando. Es bueno para el alma."
La proyección se disolvió en partículas de luz dorada que flotaron por la habitación antes de desaparecer.
Nova se limpió las lágrimas y sonrió.
—Siempre tuvieron que tener la última palabra.
Ares soltó una risa entrecortada.
—Papá murió como vivió… con mamá en sus brazos.
Esa misma noche, los tres hermanos subieron al viejo roble detrás de la casa. Colgaron la manzana y el reloj en una de las ramas más altas, como símbolo permanente de sus padres.
Desde aquel día, la colina se convirtió en un lugar sagrado para la familia. Cada año, el día del aniversario de la llegada de Lira a la torre, todos se reunían allí. Comían, contaban historias y, sin falta, alguien terminaba desnudo comiendo una manzana en honor a la leyenda.
Porque el legado de Kael y Lira no fue poder, ni riqueza, ni siquiera su victoria sobre los Antiguos.
Su verdadero legado fue demostrar que un amor imposible, caótico y completamente indomable… podía cambiar el destino de todo un mundo.
Y que algunas historias, simplemente, nunca terminan.