Nicolás regresó a su oficina en la madrugada, agotado y aún desconcertado por los eventos de la noche. Había eliminado dos de los tres objetivos, pero la intervención desconocida en la segunda misión lo había dejado inquieto. Sabía que el control que creía tener se le estaba escapando de las manos, como arena entre los dedos.
El sonido de su celular lo sacó de sus pensamientos. Era Emiliano.
—Nicolás —la voz de Emiliano era tensa, casi contenida—, he recibido informes de que la operación no sal