El día avanzaba con una lentitud exasperante, como si las mismas horas se estuvieran tomando el tiempo para atormentar a Nicolás. La presión que sentía en el pecho no era solo por la decisión que debía tomar antes de la medianoche; era también por la oscura intriga que parecía haber infectado cada aspecto de su vida. Ahora, no solo estaba en juego su futuro, sino también su reputación y su libertad.
El mensaje que recibió en la madrugada, un recordatorio impersonal de que la oferta expiraba a m