El regreso de Nicolás Valverde a la ciudad no fue lo que esperaba. Cuando entró en el vestíbulo del hotel, el murmullo de la gente alrededor lo acompañó como una sombra. Los ojos se volvían hacia él, susurros recorrían los pasillos como si una nube de rumores lo persiguiera. Al principio, no le prestó mucha atención. Las miradas siempre habían estado sobre él, ya sea por su estatus o por su regreso inesperado, pero ahora parecían ser diferentes: cargadas de una tensión que no terminaba de compr