La ciudad se cernía como una amenaza latente sobre Nicolás mientras se adentraba en sus calles. Habían pasado tres años desde que dejó atrás el caos y las sombras, aceptando la oferta de paz que Gabriel, el sucesor de Adrián, le había ofrecido. Tres años de tranquilidad relativa, aunque con el precio de vivir una vida sin la promesa de poder o grandeza. Pero ahora, al regresar, sabía que había roto el acuerdo, que había desafiado directamente a Gabriel, y que las consecuencias estaban al acecho