Nicolás se quedó quieto, sintiendo la fría aceptación del trato que acababa de hacer. Era como si un peso invisible le hubiese sido quitado de los hombros, pero al mismo tiempo, algo mucho más oscuro y denso lo envolvía. Había entregado todo lo que le quedaba de su humanidad, y lo sabía. El hombre frente a él no decía nada, observándolo con esa mirada penetrante que parecía leer su alma.
—Ya no hay vuelta atrás —dijo el hombre en un tono solemne, como si hubiese leído sus pensamientos—. Has cru