La sala de operaciones del cuartel de la resistencia estaba en completo silencio. Nicolás, Helena y un grupo de los líderes rebeldes observaban la pantalla de la computadora, donde se desplegaban archivos que hasta ese momento habían estado ocultos, sellados en la pequeña USB que Aitana le había entregado. Esa información era la llave que revelaría la verdad sobre las intrincadas redes de corrupción que conectaban no solo a la Sombra, sino también a aquellos en los más altos niveles de poder y