La noche estaba completamente silenciosa, solo interrumpida por el leve sonido de los neumáticos de su Mercedes sobre la carretera. Aitana había tomado una decisión, una que no había sido fácil, pero que sabía que era la mejor opción para proteger a su hijo. Había dejado la casa del lago sin avisar a nadie, sin llevar ningún equipo de seguridad ni alertar a Samuel o a su personal de confianza. Esta vez, la protección debía ser aún más discreta, más sigilosa. No podía confiar ni siquiera en aque