Aitana observaba a su hijo desde el otro lado de la habitación del hospital. El pequeño dormía profundamente después del accidente, con el brazo aún enyesado y vendajes en algunas partes del cuerpo. Sus ojos se llenaron de preocupación mientras recordaba lo sucedido en los últimos días. El accidente, el misterioso mensaje que había recibido en su teléfono... Todo parecía demasiado calculado, demasiado cerca para ser una simple coincidencia. Dos accidentes en tan poco tiempo no eran casualidad.