El escape apenas les había dado respiro. Nicolás sentía la herida en su hombro arder y le costaba mantener la compostura mientras Ricardo lo ayudaba a mantenerse de pie. Tras un rato de caminar por callejones oscuros y evitar patrullas, llegaron a un edificio abandonado que Ricardo había asegurado como refugio temporal. Nicolás se dejó caer contra una pared, jadeando, mientras Ricardo revisaba sus alrededores.
—Es seguro aquí, jefe —dijo Ricardo, aún con preocupación en la mirada mientras obser