El polvo de la ciudad de Uarzazat se veía diferente bajo la luz de un sol que ya no era filtrado por drones de vigilancia. Lo que antaño fue un centro turístico y comercial, ahora era un osario de silicio. Las calles estaban sembradas de dispositivos electrónicos destrozados: smartphones aplastados, tablets quemadas y cables de fibra óptica arrancados de las paredes como si fueran las venas de un enemigo maldito.
—Cúbrete la muñeca, Marta —susurró Liam, ajustando su bufanda sobre su propia cica