El grito de "¡La Apagadora está aquí!" rasgó el aire pesado de la ciudad como un rayo. El Rastreador de Sombras se había desvanecido en la penumbra de la posada apenas dio la información, dejándonos a merced de una turba que empezaba a rodear el edificio. Ya no eran soldados de la Logia con visores tácticos; eran hombres y mujeres armados con hachas de bombero, barras de acero y un odio alimentado por el hambre y la oscuridad.
—¡Marcus, los caballos! ¡Ahora! —rugió Liam, volcando una mesa pesad