El estruendo del colapso del Puente de Bellegarde quedó atrás, amortiguado por la distancia y por una nevada repentina que empezó a cubrir las cicatrices de la Alta Saboya. Liam conducía el todoterreno con una agresividad contenida, esquivando los restos de vehículos y las ramas caídas que bloqueaban la carretera secundaria que habíamos tomado. El espejo retrovisor ya no mostraba las luces de los Varga; el abismo del Ródano nos había comprado tiempo, pero a un precio que yo estaba empezando a p