La figura hecha de raíces y luz violeta se detuvo a pocos metros de nosotros. No tenía rostro, pero su presencia emanaba una curiosidad vibrante que hacía que el aire pesara. Liam dio un paso al frente, con el cuchillo en la mano, pero la criatura ni siquiera lo miró. Sus "ojos" —dos cúmulos de esporas brillantes— estaban fijos en mí.
—Marta, no te acerques —la voz de Liam era un susurro cargado de pavor—. Siento cómo el suelo intenta atrapar mis botas.
Era cierto. Del musgo cálido brotaban min