El Palacio de Justicia de La Haya se alzaba como un bloque de granito imperturbable bajo el cielo plomizo de los Países Bajos. Dentro, el aire estaba cargado de una solemnidad eléctrica. Los medios de comunicación de tres continentes se agolpaban tras las vallas de seguridad, esperando captar la imagen de la mujer que había desmantelado un imperio milenario con una llave de plata y una verdad genética.
Caminé por el pasillo central de la Gran Sala, sintiendo el peso de las miradas. Liam caminab