El ascensor de servicio descendía con un zumbido metálico que parecía vibrar en mis propios huesos. Los números en el panel digital pasaban del uno a los niveles de estacionamiento, y finalmente al Sótano 4, una zona técnica que figuraba en los planos originales como un área de calderas en desuso. Liam sostenía su arma con una mano y mi mano con la otra, un ancla de carne y hueso en medio de una marea de incertidumbre que amenazaba con ahogarnos.
—Marcus dice que la señal es estática —susurró L