Seis meses pueden ser una eternidad o un parpadeo cuando intentas reconstruir un imperio sobre cenizas. La nueva sede de Wetsler & Klein ya no olía a los puros caros de Arthur ni al miedo estancado de los antiguos directivos; ahora olía a café recién hecho, a paneles de madera clara y al zumbido eficiente de una transparencia que la ciudad aún miraba con recelo. Yo ya no era la "sobrina perdida" ni la "esposa de contrato"; era la Presidenta, y Liam, en un giro que escandalizó a la prensa financ