Dejamos atrás las ruinas de metal de la Nueva Bizancio cuando el sol comenzaba a teñir el cielo de un violeta natural, libre de las interferencias del Muro de Ruido. Los antiguos fieles ahora se sentaban en las aceras, despojándose de sus túnicas de cables con una confusión silenciosa. No nos detuvimos a explicar nada; en este nuevo mundo, las explicaciones eran solo otra forma de control.
Liam caminaba con un paso renovado, aunque sus ojos seguían escaneando los edificios en busca de francotir