El Club Vesper no era un lugar para bailar; era un santuario de terciopelo azul y luces indirectas donde los hombres más poderosos del continente venían a pecar sin dejar rastro. Al entrar, el aire saturado de fragancias caras y tabaco de importación nos recibió como una bofetada. Liam caminaba a mi lado, su mano firme en mi cintura, transmitiendo una calma que contrastaba con el fuego que ardía en su mirada.
—Recuerda —me susurró al oído mientras el maître nos conducía a la zona VIP—, Marcus y