La noche se cerró sobre nosotros con una pesadez asfixiante mientras el coche blindado de Marcus nos alejaba del Club Vesper. El silencio entre Liam y yo no era de distancia, sino de una combustión interna. Las palabras de Sofía Varga seguían flotando en el aire: mi padre no murió por accidente, y mi madre me había usado como moneda de cambio para comprar nuestra supervivencia.
—Marta, no puedes creer todo lo que esa mujer escupió para desestabilizarnos —dijo Liam, rompiendo el silencio. Su man