Salí del agua tosiendo, con los pulmones ardiendo por el esfuerzo y el sabor a metal en la boca. Liam me ayudó a subir a la plataforma de hormigón mientras Marcus vigilaba la escotilla de mantenimiento con su ballesta tensa. Estábamos en el subsuelo del Archivo de Papel, una bóveda diseñada para resistir terremotos y pulsos electromagnéticos, pero no la maldad humana.
—Llegan tarde, Heredera —susurró el Archivista, señalando hacia los pasillos superiores.
Un resplandor naranja bailaba en las pa