Fayna no estaba acostumbrada a mentir, nunca tuvo la necesidad de hacerlo, en Italia todos conocían a su familia, nadie en su sano juicio osaba meterse con ninguno de ellos, aunque no era precisamente por miedo, sino más por respeto.
Pero ahora no estaba en Italia, esto era Francia y, tal parecía que en aquel país poco conocía el respeto, y la castaña no pudo evitar pensar en lo trillado de la situación, ¿en verdad ser mafioso era malo?, ellos al menos tenían leyes, que no estaban escritas pero