Amir disfruto de la imagen de Olivia recostada en la cama, ahora por primera vez se hundiría en ella, sin ataduras, sin vendas, con sus oscuros ojos viéndolo sin reparo alguno.
El paraíso existía, Amir lo sabía, como también sabia que no era un lugar para cualquier mortal, no podías llegar e ingresar sin más, primero debías esmerarte en hacer las cosas bien, y Amir sí que pensaba hacerlas bien.
Sus manos acariciaron las blanquecinas piernas de Olivia, disfrutando de poder observar cómo bajo el