La respiración de Saimon seguía desacompasada mucho después de que la puerta se cerrara de un portazo tras la espalda de Jamil.
El eco del cristal estrellándose contra la pared aún vibraba en el aire, mezclado con la música amortiguada del club, con las risas lejanas, con el zumbido constante de las luces, pero dentro del salón VIP, todo se sentía extraño, demasiado silencioso, como si el tiempo se hubiera quedado enganchado en el momento exacto en el que los labios de Jamil tocaron los suyos.