Capítulo 149
El amanecer apenas rompía sobre la carretera cuando Saimon hundió el pie en el acelerador, el cielo era una franja pálida, lavada, con restos de noche pegados a las nubes, el motor rugía, el paisaje pasaba a los costados como una mancha borrosa, aun así no estaba relajado, y sentía que nada lo relajaría, tenía la mandíbula tan apretada que le dolía; llevaba los ojos fijos al frente, pero en realidad no veía el camino, solo veía la imagen de Jamil en la oscuridad de la noche anterior, el roce de