El estruendo del disparo permaneció suspendido en el aire, como un relámpago petrificado entre los árboles, las aves, ocultas en las copas más altas del bosque, salieron disparadas en una bandada desordenada, rasgando el cielo con sus alas inquietas.
Theo, era incapaz de moverse, solo sintió cómo el universo se comprimía en el agudo silbido que le perforaba los oídos, en el calor que le abrasaba la frente por la proximidad del arma humeante, y en el gélido silencio que se apoderó de todo tras l