Mundo ficciónIniciar sesiónEl sonido del reloj de péndulo marcó las ocho en punto en la mansión Suárez. En el salón principal, decorado con mármol blanco y cortinas de seda marfil, una sirvienta entró con un sobre grueso en las manos. Lo entregó a Aníbal con una leve reverencia.
—Ha llegado esto, señor. Es de parte del señor Arturo de la Vega.Aníbal levantó la vista desde su copa de brandy y tomó el sobre con la solemnidad que merecía. Reconoció el sello dorado en relieve y arqueó una ceja.






